¿Cuál es futuro político de Venezuela? Es el principal interrogante que se plantean muchos analistas tras el fallecimiento del presidente Hugo Chávez Frías el último martes. El reconocido filósofo, escritor y comunicador social mexicano Fernando Buen Abad dialogó con El Primero y dio su visión: “El camino de Venezuela es el de Nicolás Maduro o el suicidio”.
Fernando Buen Abad Domínguez nació en México, en el Distrito Federal en diciembre de 1956, pero se encuentra radicado en Buenos Aires. Él se define como un filósofo y escritor, un militante marxista de numerosos movimientos e instituciones culturales y literarias de Hispanoamérica. Además, es licenciado en Ciencias de la Comunicación, tiene una maestría en Filosofía Política, un doctorado en Filosofía, es director de cine egresado de la Universidad de Nueva York y fue docente de grado y posgrado en varias materias.
Participando de un Congreso de Filosofía en la ciudad de Caracas, capital de Venezuela, conoció a Hugo Chávez, con quien estuvo conversando y luego entabló una relación de amistad, que prosiguió a lo largo de los años, en los que se mantuvo en comunicación con el presidente venezolano. Buen Abad aclaró que nunca trabajó con él, pero reconoció que participó en proyectos en conjunto, que le presentó propuestas sobre diversos temas y que lo aconsejó sobre la problemática de comunicación que acarrea América Latina.
“La última vez que hablé con él fue el año pasado, el día que presentó el retrato de Simón Bolívar en la casa presidencial, ahí conversamos un rato”, detalló Buen Abad sobre el último encuentro personal que tuvo con el mandatario.
En una entrevista telefónica con El Ciudadano, el renombrado filósofo mexicano contó los pormenores de un hombre que estuvo más de 14 años en el poder, la relación de Venezuela con Argentina y dio su visión acerca de lo que sucederá en aquel país y en Latinoamérica.

—¿Qué fue lo mejor y lo peor que hizo Hugo Chávez durante sus mandatos?
—Lo más importante que hizo fue liderar junto al pueblo una lucha cerrada, sistematizada y conciente contra el proyecto neoliberal del consenso de Washington, que estaba pensado para saquearle los recursos naturales a América Latina. Era un plan para privatizar todo, que terminó con muchos países en crisis. En Argentina estalló en el 2001, pero en Venezuela en 1989 tuvo lugar el Caracazo, que fue la rebelión popular contra el modelo neoliberal. Ese fervor revolucionario y rebelde fue el caldo de cultivo del que salió Chávez, que entendió que el ejército no podía estar de espaldas al pueblo sino que tenía que estar al servicio de la transformación social. Ese fue uno de los más importantes legados, haber convertido el ejército en una herramienta revolucionaria del pueblo con la filosofía antiimperialista y antineoliberal. Además fue uno de los pocos presidentes que le declaró la guerra al burocratismo, es uno de los líderes por antonomasia de esa filosofía.

En cuanto a lo que pudo haber hecho mal, el propio Chávez ha reconocido en varias oportunidades que tardó mucho en atender algunas cuestiones y tuvo un gran problema con el sistema de medios públicos, ya que no logró hacer lo que debería haber hecho. Por suerte, se está remediando porque hace unos días se estrenó el nuevo Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci), del que me tocó participar en alguna medida.

—¿Era una persona que aceptaba críticas?
—Sí, por supuesto. No solamente las aceptaba sino que las profundizaba siempre. En opiniones que le di sobre la estrategia de comunicación a nivel internacional no solamente reconocía errores sino que consideraba que había que meter un cuchillo a fondo en ese problema. Él era un autocrítico feroz, como cualquiera de sus más acérrimos críticos, cuando uno le decía que metía la pata en algo, respondía que no era solamente en eso sino que remarcaba otras situaciones. No le tenía miedo al debate.

—A mitad del año pasado, en una misa, Chávez dijo: “Cristo dame vida porque aún me faltan cosas por hacer por este pueblo y por la patria”. ¿Cuáles eran esas cosas que le quedaron pendientes?
—Le faltó desarrollar la producción agrícola, la actividad industrial, la producción de alimentos, de bienes y servicios. Sentía la necesidad de realizar una gran revolución educativa y cultural. Además, necesitaba formar cuadros de dirigencia empresarial, científica, de vivienda, en salud y en educación. Él escribió un documento sobre esas cuestiones, que lo llamó el Programa de la Patria. Allí, planteó cinco objetivos históricos y más de 500 estratégicos. Es muy interesante, es el documento de filosofía política más importante de América Latina. El principal objetivo que plantea desde ese proyecto, es que Venezuela deje de ser dependiente de la producción petrolera. Sin embargo, el problema es que eso lleva tiempo y los primeros pasos que dio fueron un poco débiles, pero con el Programa de la Patria estipuló los plazos en los que se tendrán que cumplir determinados objetivos.

—¿Piensa que el sistema político de Venezuela se va a fragmentar?
—No, al contrario, lo dejó muy claro Chávez antes de irse a que lo operaran en Cuba. “Vamos a ordenarnos”, decía, por si no podía volver a estar al frente del país. Pidió públicamente que se llamara a nuevas elecciones y que fuera Nicolás Maduro el hombre que continuara el proyecto. En Venezuela es ese camino o es el suicidio, porque es lo que une, es lo que va a posicionar el proyecto, no veo por dónde puedan entrar, a menos que vengan los yanquis, pongan una bomba y fracturen todo.

—¿Maduro es el referente que necesita el chavismo?
—Sí, claro. Creció en el contexto de trabajo del presidente. Maduro dijo hace unos días que lo consideraba su padre político. No tengo ninguna duda de su capacidad, he hablado personalmente con él. Chávez le dio toda su orientación política, dirección y claridad, lo último que se le ocurriría es desviar la línea de trabajo, sería un acto suicida. Cualquiera que quiera cambiar las pautas del Programa de la Patria se va directo al tacho. Porque no es la línea de Chávez, es la línea que el pueblo ha elegido.

—¿Puede ganar las elecciones?
—Maduro va a ganar con más votos que Chávez. Tengo la impresión de que esa será la respuesta que el pueblo va a dar en el proceso electoral sobre las amenazas que hay a nivel mundial. No hay que olvidar que el martes expulsaron de Venezuela a dos militares norteamericanos que estaban viendo la manera de descarrillar la revolución bolivariana. Hay amenazas claras, no están jugando, están metiendo paramilitares en la frontera con Colombia, hay cosas muy turbias, como hicieron en Libia o en Siria. Por eso es muy importante que no haya una sola fisura en ninguna de las actividades políticas de Venezuela y lo más claro es que haya una gran unidad, que debe estar conformada por el poder democrático en la Asamblea Nacional que representa ahora el senador Diosdado Cabello, por el cuerpo íntegro del gabinete presidencial que lidera Maduro y por las Fuerzas Armadas, junto con el poder judicial y el poder legislativo. Deben abrazarse a la Constitución, al Programa de la Patria y con eso seguir adelante. En Venezuela hay un nivel de conciencia y un nivel de debate político que está muy por encima de la media continental, entonces si alguien se le ocurriera decir “vamos a privatizar algo”, no tendría lugar donde hablar.

 

—¿Cambiará en algo la relación de Venezuela con Argentina y con Latinoamérica?
—Con Argentina no creo que se vaya a modificar, no veo cómo. Hay una relación comercial que tiene una cartera de compromisos que están firmados que no se pueden tocar, son proyectos a largo plazo que ya tienen hechas todas sus condiciones. En cuanto a las relaciones políticas, son inmejorables. Chávez y los Kirchner han tejido una amistad muy sincera y profunda, son lazos que no se pueden romper tan fácil. Con el resto de Latinoamérica tampoco creo que se vaya a modificar la situación. El hueso más duro de roer que era Colombia se logró establecer un punto de acuerdo, una gran estabilidad porque todos entendimos que a nadie le conviene un conflicto bélico en este continente. Hay muchos convenios de integración con el resto de los países, está el Mercosur, la Unasur, la Celac, el Alba y el Petrocaribe. Todo ese espectro geopolítico que quedó es muy fuerte, por eso hoy en día veo muy difícil una ruptura.

—¿A quién ve como referente para tomar el liderazgo vacante en Latinoamérica?
—Creo que Rafael Correa puede tener una posición muy favorable para cumplir esa figura. Igual no descarto a Maduro una vez que gane las elecciones y se consolide como el líder que Chávez propuso que fuera, ya que va a cumplir un rol distinto en el continente.

—¿Y Cristina Kirchner?
—No, a ella no. Porque no es una persona que esté pensando en construir socialismo, ella propia ha dicho que quiere construir un capitalismo serio, o algo por el estilo. Va en una ruta de liderazgo político distinta a la de los países que hablan de socialismo.

 

—¿Considera acertada la comparación que se hace de Chávez con Juan Domingo Perón?
—A mi no me gusta mucho, aunque es verdad que ambos fueron presidentes indispensables para la historia reciente de cada uno de sus países. Sin embargo, en la concepción filosófico política, Perón nunca habló de construir socialismo, hay tesis duras dentro del concepto del socialismo que son filamentos metodológicos que Chávez manejaba muy bien, como la lucha de clases, eso lo impulsaba como el motor de desarrollo de la revolución bolivariana, en tanto, Perón rechazaba eso, más bien apelaba a la reconciliación de clases. Eso, lo considero una gran diferencia. De todas formas, le encuentro coincidencias en que tienen una base popular muy fuerte y fueron y serán referentes para muchas generaciones. Chávez tenía mucha admiración por Perón, él se definió como peronista muchas veces, pero una cosa es tenerle admiración a alguien por algunas cosas que haya hecho y otra es tener coincidencias en matices más profundos.

 

—¿Cuál fue la habilidad de Chávez para ganar cuatro elecciones consecutivas?
—Obedecer lo que el pueblo exigía fue su mayor habilidad. Mantenerse siempre en la cresta de la ola. El pueblo exigió tener dignidad y no ser tratados como animales. Durante el Caracazo, los pobres comían comida para perros porque era más barato que tener una mesa digna para darle de comer a una familia, y eso era una humillación. El pueblo exigió dignificar la vida, Chávez entendió eso y empezó a trabajar por ello. Creó los mercales, los centros de diagnóstico integral, los espacios médicos de salud que son maravillosos, la gente se atiende de manera gratuita, hay universidades públicas y todo eso antes no existía. Otro orgullo personal de Chávez fue la recuperación de la riqueza petrolera para el pueblo. Durante 50 años el petróleo que salía de Venezuela le reportaba el 5 por ciento de las ganancias al país y eso era un asalto a mano armada. Chávez logró quebrarle la columna vertebral a ese saqueo y dejar toda esa riqueza en manos del pueblo, lo que le proporcionó una gran aceptación popular. Algunos lo tildaban de dictador por la cantidad de años que estuvo en el poder pero no sé qué dictador se convierte en uno por la vía de los votos.

—¿Piensa que la Revolución Bolivariana que pretendía Chávez se pueda cumplir en un futuro cercano?
—Es una revolución en transición, es muy imperfecto lo que hay ahora, tienen que resolver muchos desafíos. Deben lograr el control de todo el aparato productivo, pero no expropiación absoluta, sino tener la soberanía sobre las necesidades y sobre las cualidades. Una cosa es que tengas la capacidad de producir suficientes alimentos pero otra cosa es que tengas los alimentos que necesitas. Hay que tener capacidad de producir aquellas cosas que el país precisa para no tener que depender de que otros te pongan los precios. Ésa es una de las metas a cumplir en el próximo plazo. Sin embargo, poniendo una fecha diría que en el 2032, que es el plazo final de todas las etapas en el Programa de la Patria.