El análisis que un grupo de docentes universitarios de Rosario realizó sobre la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y de un sondeo realizado por el Ipec y la Facultad de Ciencias Económicas reveló que persisten marcadas inequidades de género en el mundo laboral. Contactados por la Subsecretaría de la Producción del Municipio, se acercaron a nuestra ciudad y brindaron un taller de aproximación a la problemática.

La primera de las manifestaciones de discriminación de género en el mundo del trabajo remunerado, se vincula con el nivel de participación: la proporción de mujeres que se incorporan a la fuerza laboral es menor que la proporción de varones.

La creciente participación de las mujeres en el mercado laboral no ha conseguido sin embargo revertir las principales manifestaciones de inequidad laboral de género y perduran en los mercados laborales dinámicas de segregación tanto vertical como horizontal.

Esta última se manifiesta en la sobre- representación de las mujeres en determinadas ocupaciones, generalmente identificadas como “empleos de mujeres”. Esta tipificación suele reflejarse en su alta participación en el sector terciario de servicios, fundamentalmente en actividades que en cierto sentido reproducen las tareas productivas (en el área de educación, en servicios de salud, en servicios personales y en el empleo doméstico).

La segregación vertical refiere a la concentración de mujeres en puestos de menor  jerarquía a igualdad de calificación respecto de los varones: se sigue verificando la mayor dificultad que presentan las mujeres para prosperar en sus carreras laborales, en relación con los hombres. Aunque del total de la población del país que tiene título universitario el 58,8% son mujeres y el 41,2% son varones, los puestos directivos en empresas y organizaciones son ocupados en un 63% por varones y un 37% por mujeres.

Esta segregación ocupacional tiene su correlato en la brecha de ingresos laborales. El ingreso promedio de las mujeres trabajadoras es menor al ingreso promedio de los varones trabajadores y esta tendencia se amplifica a medida de que crece la precarización del trabajo. Mientras en la categoría “Patrón” la diferencia en la remuneración es del 10,7%, entre los obreros y las obreras registradas es del 20,9% y alcanza un alarmante 57,5% entre los no registrados.
En síntesis, la inequidad de género se manifiesta con contundencia en el mercado laboral. Las mujeres se ubican en situaciones desventajosas respecto de los varones. Acceden a menos empleos, obtienen menos remuneraciones, y se encuentran más sometidas a la desprotección social.

“La menor y más precaria inserción de las mujeres en el mercado laboral, principal fuente de ingresos para la mayoría de la población, explica en una parte sustantiva su posición económica subordinada y su falta de autonomía. Entender el vínculo entre las relaciones de género y la interrelación de la producción de mercancías y la reproducción de personas, es imprescindible para comprender cabalmente la dinámica económica y para reconocer los componentes económicos de la inequidad”, explicó la Profesora de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR, Patricia Giustiniani.